Niños Indigos, Cristal: Emilio Carrillo

Los Niños Índigos

 

            En los años 80, Nancy Ann Tappe aplicaba terapias con el color. En sus trabajos, comenzó a notar que muchos niños mostraban una coloración azul violeta en las capas más exteriores de sus auras (campo energético alrededor del cuerpo humano), cosa que nunca había visto antes. Intrigada, decidió investigar más profundamente y comenzó a reconocer características comunes en todos estos pequeños: mayor inteligencia, mayor energía, mayor espiritualidad; todo parecía ser mayor en ellos. Los bautizó como “niños Índigo” –se denomina índigo al color añil o azul oscuro-. Y publicó el libro Understanding your Life Through Color (Comprendiendo su vida a través del color), primero en abordar seriamente el tema de los niños Índigo, popularizando este término.

 

            Aunque no todos los niños Índigos son iguales (se les llama así como manera de reconocerlos por sus cualidades y potencialidades psicológicas, mentales y espirituales más desarrolladas, pero no son clónicos ni están hechos con un mismo molde), sí ostentan una serie de características comunes:

 

+mayor energía física y mental;

 

+acentuado afán por liderar y tomar la iniciativa;

 

+gran sentido de realeza: sentimiento espontáneo de tener derecho a estar aquí, en esta vida y en este planeta;

 

+especial necesidad de relacionarse con otros seres, sean niños, peces, pájaros, plantas,…;

 

+natural sentido de la justicia;

 

+marcada exigencia, a sí mismos y a los demás, de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace;

 

+inclinación innata a cuestionar patrones preestablecidos: les es difícil aceptar el concepto de autoridad propiamente dicho, sobre todo cuando no está apoyado en la coherencia de quien ostenta o reclama dicho estatus;

 

+percepción particular del contenido de la felicidad: rechazan espontáneamente los patrones cuantitativistas y materiales (regalos, bienes, dinero, estatus,…) como modo de alcanzar la misma y optan intuitivamente por vías cualititativas (crecimiento interior, contacto con la naturaleza, altruismo,…);

 

+sus dos hemisferios cerebrales (el hemisferio izquierdo es el mental, lógico, racional, científico; mientras que el derecho es el intuitivo, artístico, espacial, trascendente) están sustancialmente más dotados e interconectados que en las demás personas; y

 

+no sólo tienen una gran inteligencia, sino que su carga espiritual es mayor: están más predispuestos a las cuestiones del espíritu y no es difícil encontrar pequeños que oran, repiten mantras o participan encantados en ceremonias religiosas de todo tipo. Esta no es una característica casual o circunstancial, pues los Índigos hacen las cosas porque les nace de lo más profundo del corazón, porque su nivel de consciencia está en continua sintonía con las manifestaciones de la espiritualidad más elevada (hablamos de espiritualidad no de religiosidad: estos niños no encuentran diferencia entre una religión u otra, todas están bien mientras su discurso y actuación esté basado en valores coherentes y realmente espirituales).

 

 

Niños Índigos y Niños Clara o Cristal

 

            Los niños Clara o Cristal ofrecen características muy similares a los Índigos, aunque se diferencian de ellos, a parte de lo antes apuntado sobre la época de nacimiento, en algo crucial: mientras los Índigos, percibiendo de manera innata las contradicciones, sinsentidos y profunda crisis de la sociedad actual y el sistema vigente, suelen enzarzarse en luchar contra ellos, contra el viejo mundo, los Clara o Cristal no gastan fuerza ni pierden tiempo en confrontar con lo que se está derrumbando y centran sus energías en vivir ya conforme a las pautas de un Nuevo Mundo que para ellos, en la práctica cotidiana, es como si ya hubiera llegado.

 

            Quizá por esto los niños Cristal dan la impresión de ser menos conflictivos que los Índigos, pero, en realidad, son más radicales en sus planeamientos vitales. El viejo mundo no les interesa absolutamente para nada, ni siquiera para denunciar sus miserias o hacer algo que acelere su demolición. Saben perfectamente en su interior que la caída del viejo mundo es imparable y, en este conocimiento natural, dirigen todas sus capacidades a forjar el Nuevo Mundo en su vida y realidad diaria.

 

            Este comportamiento y actitud de los niños Cristal no son sólo una lección para los adultos que consciencialmente aspiran a una Nueva Humanidad en una Nueva Tierra, sino también para los propios Índigos, que a menudo quedan atascado en la pelea contra lo viejo y no aportan lo que por Propósito de Vida  les corresponde en la configuración y anclaje de lo nuevo.

 

Nadie discute la capacidad y habilidad de los Índigo para poner de manifiesto la sinrazón del mundo actual y hacer conscientes a los demás de la necesidad de un cambio. Pero mientras se esfuerzan en esto y luchan contra lo viejo, se olvidan de traer el Nuevo Mundo a sus vidas. Los Índigos, siguiendo el ejemplo de los Cristal, han de tomar consciencia de que no han encarnado sólo para detectar y difundir los errores y tropelías del sistema vigente y lograr que cada vez más gente sienta la necesidad de un cambio, sino que han de dar un paso más para ser ellos mismos, en su vida cotidiana, el cambio que quieren ver en el mundo.

 

 

Reflexiones para padres, abuelos y educadores

 

            Con independencia de estas diferencias entre los Índigos y Cristal, se coincidirá que el perfil de ambos es maravilloso, casi un milagro evolutivo al servicios de un Nuevo Mundo. Sin embargo, para padres y abuelos, el cómo tratarlos, educarlos y guiarlos puede convertirse en un auténtico problema. Y en el colegio, los educadores tampoco lo tienen fácil. No en balde, las estructuras educativas tradicionales se basan en el trabajo exclusivo del hemisferio izquierdo, cuando ellos, como antes se señaló, tiene el izquierdo y el derecho más dotados e interconectados. La conclusión suele que estos niños tan especiales se aburren terriblemente en la escuela, no quieren ir al colegio porque no lo encuentran atractivo, ni enriquecedor y se niegan a efectuar “deberes” y tareas mecanicistas.

 

            ¿Cómo actuar entonces con ellos?. Pensando sobre todo en padres, abuelos y educadores, la contestación a la pregunta precedente ha centrarse en dos aspectos fundamentales:

 

+es crucial que el trato con los Índigos y Cristal se base en el Amor Incondicional; y

 

+tener cerca a un niño de estas características no ha de ser entendido como amenaza, sino oportunidad y exigencia para cambiar uno mismo.

 

            En lo referente a lo primero, se puede aducir con razón que el Amor Incondicional es imprescindible en la relación con cualquier niño, Índigo o Cristal o no. De hecho, la psicología nos enseña que muchas ansiedades, depresiones y frustraciones de adulto se deben a la falta de ese Amor Incondicional en la infancia (de ahí, por ejemplo, el daño que se produce al niño cuando se le espetan frases como “si no haces esto, no te quiero”). Ahora bien, siendo esto así, en el caso de los Índigos y Cristal adquiere aún mayor trascendencia. ¿Por qué?. Pues porque son hipersensibles a todo lo conectado con el Amor. Y esto no es una declaración retórica o vacía, es una enorme realidad. Los Índigos y Cristal están interiormente predispuestos y volcados al Amor Incondicional; y, por lo mismo, son muy sensibles ante comportamientos carentes de él. Y si esta carencia la encuentran en sus allegados más cercanos, el rechazo y el conflicto en el hogar  y en la escuela están servidos; y hasta unos extremos de hostilidad o frialdad, según los casos, que sólo la confianza y seguridad en sí mismos que los Índigos poseen pueden explicar.

 

            En cuanto a lo segundo, hay que empezar recordando que en la encarnación son los hijos los que eligen a quienes serán sus padres, no al revés. Es decir, si eres padre o madre de un Índigo o un Cristal, éste te ha elegido a ti. Y si los Índigos o y Cristal han tomado la decisión de estar en este planeta para impulsar un nuevo mundo, del mismo modo te han elegido a ti para promover tu cambio y crecimiento personal. ¿De qué forma?. Pues, principalmente, forzándote a la coherencia: un Índigo o un Cristal te sacará permanentemente de tus casillas si no eres coherente entre lo que dices y lo que haces –esto, por supuesto, también es absolutamente aplicable a los educadores-. Es más, o encarrilas tus afectos, sentimientos y emociones hacia él por la vía del ejemplo y la coherencia personal, o no tendrás posibilidad alguna de lograr la complicidad, la interacción y la conexión de amor que como padre o madre deseas mantener con tu hijo. Y tal coherencia será, mira por dónde, la llave de tú cambio interior.

 

            Por tanto, la primera regla de actuación con un niño Índigo o Cristal que debes tener presente radica en el Amor Incondicional manifestado y expresado de manera clara, patente, rotunda y constante. Y la segunda, tu propio cambio interior a través de la coherencia en tus actos, en tus comportamientos, en tu vida.

 

            En definitiva, padres, abuelos y educadores: ¡Amor Incondicional y coherencia personal!. Con ambos ingredientes nos transformaremos en verdaderos guías de estos niños y jóvenes y podremos verlos más adelante aplicar en la vida cotidiana toda la capacidad que llevan dentro. Si, por el contrario, no encuentran adecuada guía, tamaño potencial quedará dormido, especialmente en el caso de los Índigos; y se convertirán en personas tan condicionadas y limitadas como la mayoría de nosotros.

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