UN CAMBIO EN CUALQUIER LUGAR SIGNIFICA UN CAMBIO EN TODAS PARTES


En la película Contacto, hay escenas que se remontan a la infancia de la protagonista y muestran la influencia de su padre antes de su muerte repentina. Apoyando la ambición con la cual ella se enfocaba en sus metas, su padre le comentaba a menudo que las cosas más grandiosas del futuro se lograban por medio de pasos pequeños.

No solamente éste es un gran consejo de parte de todo padre a sus hijos, parece ser precisamente la forma en que funciona el holograma de la conciencia y de la vida. Cuando realizamos pequeños cambios aquí y allá, de repente todo parece cambiar. De hecho, una pequeña alteración en un lugar puede cambiar definitivamente todo un paradigma.

El visionario y filósofo Ervin Laszlo describe la razón por la cual esto ocurre: “Todo aquello que ocurre en un lugar ocurre también en otros lugares; todo lo que ocurre en un instante, también ocurre en todos los instantes a continuación. Nada es “local y limitado a dónde y cuándo está ocurriendo.”7 Grandes maestros espirituales como Mahatma Gandhi y la Madre Teresa demostraron con mucha elocuencia, que el principio holográfico de la no localidad es una fuerza inmensa, como el “David” ante el “Goliat” del cambio en el mundo cuántico.

Así como un holograma contiene la imagen original en todas sus partes, cualquier cambio realizado en uno de esos segmentos se refleja en todas partes a lo largo del patrón. ¡Qué relación más poderosa! ¡Un sencillo cambio en un lugar puede marcar la diferencia en todas partes! Quizá el mejor ejemplo de cómo las pequeñas modificaciones pueden afectar todo un sistema, puede ser visto en algo con lo cual estamos familiarizados todos: el ADN de nuestros cuerpos.

Si observamos cualquier película basada en investigaciones de escenas de crímenes, aprendemos rápidamente que la identidad del autor del delito puede detectarse según los rastros que haya dejado en el lugar del crimen. Si los investigadores pueden identificar cualquier parte del cuerpo de una persona o cualquier cosa que provenga de su cuerpo, desde una salpicadura de sangre o una hebra de cabello, hasta manchas de semen o incluso una uña rota, pueden identificar a cualquier individuo. Y no altera nada el lugar de donde el ADN provenga debido al principio holográfico, todas las partes reflejan el todo.

Cada pieza del ADN se asemeja con exactitud a las demás (excepto en el caso de las mutaciones).

Se estima que el humano promedio tiene entre 50 y 100 billones de células en su cuerpo.

Cada una de esas células posee 23 pares de cromosomas que contienen el ADN (código de vida) del individuo. Cuando hacemos cuentas, esto significa que las personas pueden llevar algo así como entre 2,300 y 4,600 billones de copias de ADN en sus cuerpos. Imagínese tan sólo lo que se tomaría realizar un cambio en el ADN de alguna persona si tratáramos de actualizar cada copia, una célula a la vez. Pero cuando el ADN llega a modificar el patrón de una especie, no tiene que hacerlo de modo lineal, una hebra a la vez. En razón del principio holográfico, cuando el ADN es alterado, ese cambio se refleja a lo largo del todo.

Clave : A través del holograma de la conciencia, un pequeño cambio en nuestras vidas se refleja en todas partes en nuestro mundo.

Usted probablemente se está preguntando, ¿por qué es esto importante en mi vida?

Aunque es una pregunta obvia, la respuesta puede serlo menos. El sutil poder del holograma es que nos ofrece los medios para realizar un cambio tremendo a gran escala alterando un patrón en solamente un lugar. Es importante comprender el principio holográfico, porque parece describir precisamente la forma en que funcionamos. Desde el ADN de nuestros cuerpos hasta la estructura atómica del mundo que nos rodea y la forma en que la memoria y la conciencia funcionan, parece ser que somos hologramas de una existencia mayor que apenas estamos comenzando a entender.

EL CEREBRO HOLOGRÁFICO EN UN UNIVERSO HOLOGRÁFICO

 

Recuerdo un documental que vi en la década de los setenta, sobre unos cirujanos operando un cerebro humano, para aliviar la presión en las profundidades del tejido causada por un accidente. Aunque el paciente estaba totalmente despierto y consciente, porciones de su cerebro expuesto estaban siendo estimuladas con sensores eléctricos, para ver cuáles partes del cuerpo estaban relacio- nadas con esos segmentos. Por ejemplo, cuando un electrodo tocó un lugar, el paciente “vio” una ráfaga de colores, y entonces se anotaba ese lugar como el centro visual.

Aparte de la extraña experiencia de observar un cerebro vivo expuesto a las intensas luces de la sala de operación, lo que hacía tan interesante esta película en particular era la forma en que funcionaba el cerebro del paciente. Cuando ciertos sitios fueron estimulados eléctricamente y produjeron su experiencia del color, por ejemplo, esos sitios no eran los que correspondían con los tradicionalmente asociados con la visión. Era como si porciones de su cerebro estuvieran de alguna forma aprendiendo a “ver,” de la manera como esperaríamos encontrar en otra parte del cerebro.

El revolucionario trabajo del neurólogo Karl Pribram también ha descubierto que las funciones cerebrales son más globales de lo que fue alguna vez postulado. Antes del trabajo de Pribram, se creía que nuestro cerebro trabajaba como maravillosas computadoras biológicas, que almacenaban tipos de información en particular en lugares precisos. En este modelo mecánico de memoria, había una correspondencia directa entre ciertos tipos de recuerdos y los lugares en donde eran almacenados. El problema fue que en los experimentos de laboratorios lo que se encontró no fue el recuerdo localizado.

De forma muy parecida a como el documental mostraba lugares en el cerebro del hombre que “conocían” la función de otras áreas, los experimentos demostraron que los animales retenían sus recuerdos y seguían con sus vidas, aunque se removieran de sus cuerpos las partes de su cerebro en donde se creía que se alojaban estas funciones. En otras palabras, parecía que no había una correspondencia entre los recuerdos y un lugar físico en el cerebro. Era obvio que la visión mecánica del cerebro y la memoria no era la respuesta, algo más debía estar ocurriendo, algo extraño y maravilloso.

A comienzos de los setenta, Pribram promovió un nuevo y poderoso modelo para explicar la evidencia de los experimentos. Comenzó a pensar en el cerebro y en los recuerdos contenidos en él, como si estuviera trabajando con hologramas. Una de las claves que confirmó que Pribram iba por buen camino fue la confirmación del laboratorio, de la manera en que procesamos mentalmente la información. Recurrió a investigaciones anteriores para comprobar su hipótesis. En los años cuarenta, el científico Dennis Gabor usó un conjunto complejo de ecuaciones conocido como la Transformada de Fourier (llamadas así según su descubridor, Joseph Fourier), para crear los primeros hologramas, obra por la cual ganó un Premio Nobel en 1971. Pribram supuso que si el cerebro en verdad funcionaba como un holograma, distribuyendo información a lo largo de sus circuitos flexibles, entonces debería procesar la información de la misma forma que lo hacen las ecuaciones de Fourier.

Sabiendo que las células del cerebro crean ondas eléctricas, Pribram fue capaz de probar los patrones de los circuitos usando la Transformada de Fourier. Según lo esperado, su teoría fue correcta, los experimentos probaron que nuestro cerebro procesa la información de una forma que equivale a las ecuaciones de un holograma.

Pribram aclaró el modelo del cerebro por medio de una simple metáfora de hologramas dentro de hologramas. En una entrevista afirmó: “Los hologramas en el marco del sistema visual son… hologramas parches.”8 Son porciones muy pequeñas de una imagen mayor. “La imagen total está compuesta en gran parte al igual que el ojo de un insecto, que tiene cientos de pequeños lentes en vez de un solo lente grande… Cuando uno lo experimenta se obtiene el patrón total entretejido como una pieza unificada.”9 Curiosamente, aunque Pribram y David Bohm (cuyas ideas fueron tratadas en la Introducción) comenzaron su trabajo por separado, ambos usaron la misma explicación para describir los resultados de sus experimentos. Cada uno de ellos aplicó el modelo holográfico para darle sentido a la vida. Bohm, como físico cuántico, observaba el universo como un holograma. Pribram, como neurólogo, estaba estudiando el cerebro como un procesador holográfico mientras nuestras mentes realizaban los procesos holográficos. Cuando se combinan ambas teorías, el resultado es nada menos que una posibilidad capaz de destruir paradigmas.

Esa posibilidad sugiere que somos parte de un sistema mucho mayor de muchas realidades, en el interior de realidades, en el interior de otras realidades. En ese sistema, nuestro mundo podría ser considerado como una sombra o una proyección de eventos, que están ocurriendo en una realidad subyacente más profunda. Lo que vemos como nuestro universo es en realidad nosotros, nuestras mentes individuales y colectivas, transformando las posibilidades de los dominios más profundos en realidad física. Esta forma radicalmente nueva de vernos y de ver el universo nos proporciona nada menos que acceso directo a todas las posibilidades, sueños o anhelos que jamás hayamos deseado o imaginado (u orado por lograr).

En sus estudios, Pribram ofrece una razón para precisamente esas posibilidades. Por medio del modelo holográfico del cerebro relacionándose con el universo, él dice que el funcionamiento de nuestro cerebro permite que las experiencias trasciendan el tiempo y el espacio. En el marco del contexto de este modelo holográfico, todas las cosas se vuelven posibles. La clave para experimentar el poder de estos resultados potenciales es que debemos pensar en nosotros bajo este nuevo concepto. Y cuando lo hacemos, algo maravilloso comienza a ocurrir: hemos cambiado.

Es imposible para nosotros vernos a nosotros mismos como “algo así como” o “una especie de” seres empoderados en un universo de posibilidades: o nos vemos o no nos vemos así.

Y éste es precisamente el enfoque de este libro. Podemos tener un concepto distinto de nosotros sólo cuando tengamos una razón para hacerlo. El concepto de la Matriz Divina, como un holograma conectado umversalmente, nos promete que estamos limitados solamente por nuestras creencias.

Como sugieren las antiguas tradiciones espirituales, los muros invisibles de nuestras creencias más profundas pueden convertirse en nuestra mayor prisión. No obstante, también nos recuerdan que son nuestras creencias las que pueden convertirse en nuestra mayor fuente de libertad. Por muy distintas que sean entre sí las sabias tradiciones del mundo, todas nos llevan a la misma conclusión: la oportunidad de estar libres o en prisión es nuestra, y somos los únicos que podemos tomar esa decisión.

Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden

Fragment of the movie “Contact”. Great film.

Language: Spanish (Spain)
Actress: Jodie Foster
Actor: David Morse
Composer: Alan Silvestri
Director: Robert Zemeckis

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